Todos afónicos.

Mediado  agosto se ralentiza todo. Hasta los insultos en la política. Yo llevo tiempo ralentizada, valga el palabro.

Pensaba hoy que en cuanto llegue septiembre toda la prensa habida y por haber nos llamará  “a rebato” para que empecemos a insultarnos unos a otros otra vez.  Siento un cansancio enorme de estas cosas; un aburrimiento infinito. Leo cómo gente que aprecio se llama de todo entre sí por causa política  y me sonrío: estuve comiendo hace unos días con una persona conservadora, de derechas, y lo que hubo fue risas, cachondeo a costa de todos los partidos-incluidos el suyo y el mío-  y un afecto sincero.

Se moderan los impulsos a ciertos niveles. Pero no hay que llamarse a engaño: solo están tomando aire para empezar a tirar trastos a la cabeza a partir del uno de septiembre.  El silencio al que nos lleva eso, al menos a mí, me hace pensar cómo es posible que los gritos, el improperio, el insulto, sea tolerado, aceptado, naturalizado, hasta el punto en que personas que conozco y aprecio de corazón hayan tomado básicamente la misma opción que yo: callarse. O comentar en pequeños círculos. Alejarse de este clima de letrina.  Conseguir con su actitud que la gente normal guardemos silencio. Al final quizá es lo que desean: un mundo de relaciones en el que quien más chilla, más insulta, es quien lleva razón, y si respondes al insulto eres tú quien se “propasa”.

Y a la vez me aparto. No estoy dispuesta a participar de ese clima. Ni a estimularlo. Ni a propagarlo. Ni –tampoco- por dar una opinión- a aguantar que se me ponga  a caldo indiscriminadamente. A insultar lo llaman “ser directo”. Sí: directos en zafiedad y ruindad moral.

A mitad de agosto, algunos/as se han ralentizado al insultar: quizá exhaustos de vivir con la garganta enrojecida y afonía crónica.  Deseo de corazón que esta afonía les dure toda la vida.

Quizá cuando se callen la gente normal podamos hablar y no ser ahogados por esa miasma de zafiedad en que quieren convertirnos a todos.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Reflexiones en voz baja. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Todos afónicos.

  1. Sandrita dijo:

    Un clima de letrina, qué bien calificado. Traspolado, pasa por aquí lo mismo.
    Todo es exasperación, a veces creo que en cualquier momento el mundo se
    desintegrará. Abrazo, Alena.

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  2. tillytri dijo:

    Alena, no hubiera sabido expresarlo mejor.

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